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La ponencia sobre la vida de don Alvaro del Portillo que será beatificado el próximo 27 de septiembre la hemos dividido en partes que entregaremos a ustedes con mucho gusto, ya que la autora, la alumna María Turner Larrínaga ha expresado las virtudes que vivía don Álvaro y cómo las puede vivir una joven como ella. 

(Aquí puede ver la primera,  segunda y tercera parte de la ponencia)

Cuarta Parte de la Ponencia: Vida y Obra de Don Álvaro del Portillo

Virtudes Humanas

La Fortaleza, esta virtud es aquella que adquirimos mediante la voluntad bien formada. Y se hace notar ante las dificultades. Actualmente es una virtud difícil de conseguir por lo que el mundo nos vende que vendría siendo la comodidad, los caprichos, la superficialidad, y la falta de orden en todos los sentidos.

Don Álvaro era la mano derecha de San Josemaría y llevaba los asuntos económicos, un día se necesitaba pagar una deuda y así se cuenta el siguiente testimonio: el sacerdote Alfonso Pa Balcells, que vivía en Roma entre 1951-1954 escribió un recuerdo que permanecía indeleble en su memoria cuarenta años más tarde. Una vez que Don Álvaro estaba enfermo, después del desayuno me llamó nuestro Padre y me dijo: “Sito, ya sé que don Álvaro tiene calentura y se ha quedado en la cama, pero sube a su habitación y dile de mi parte que, sintiéndolo muchísimo, tengo que pedirle que se levante, ya que tiene que hacer una gestión que él ya sabe. Luego le llevas a donde él te dirá. Le esperas en el coche hasta que haya hecho la visita y luego le vuelves a traer a casa”. Así lo hice. Subí a la habitación y le dije: “don Álvaro, el padre dice que sintiéndolo muchísimo tiene que decirle que se levante para hacer la gestión que usted ya sabe. Le espero en el garaje”. Él se sonrió, no noté en su rostro la más pequeña señal de molestia o de desagrado. Con toda naturalidad, como si no le costara nada, dijo: “sí, ahora me levanto, espérame en el garaje, enseguida bajo”. A los pocos minutos apareció en el garaje. Le llevé. Se hizo todo como había dicho nuestro Padre, y durante los dos trayectos no hizo el menor comentario sobre el esfuerzo que le suponía hacer aquella gestión estando con fiebre.  Su sonrisa habitual y paz llena de sencillez. Todo como si fuera lo más natural del mundo. Recordé lo que tantas veces repetía nuestro Padre, que el ascetismo, según nuestro espíritu, tiene que ser sonriente que nadie note que nos mortificarnos”.

El decreto sobre las virtudes heroicas menciona lo siguiente que son más pruebas de su fortaleza: el periodo que transcurrió en la cárcel durante la persecución religiosa en España (1936-1939) y los ataques que sufrió por su fidelidad a la Iglesia. Era hombre de profunda bondad y afabilidad, capaz de transmitir paz y serenidad a las almas. Nadie recuerda un gesto poco amable de su parte, el menor movimiento de impaciencia ante las contrariedades, una palabra de crítica o de protesta por alguna dificultad: había aprendido del Señor a perdonar, a rezar por los perseguidores, a abrir sacerdotalmente sus brazos para acoger a todos con una sonrisa y con cristiana comprensión.

Esto me causa mucho impacto porque actualmente nos quejamos por cualquier cosa, y no sabemos ser fuertes ante cosas muy sencillas que vivimos, como la enfermedad de algún familiar, dificultades en el Colegio, problemas entre las amigas porque muchas veces nos falta fortaleza para saber perder, la vida es como un elevador, a veces subes y a veces bajas, tenemos que aprender a bajar y saber subir como el ejemplo que nos dejo Álvaro del Portillo.

En los últimos instantes de su vida transcurrió con la costumbre y abandono en Dios que determinó su eterna existencia. Se daba cuenta de los momentos que estaba atravesando, pero no se dejo llevar por el nerviosismo o el ansia.

 

Autora: Alumna María Turner Lárrinaga, Liceo Thezia, Hermosillo