Por Lic. Marysol Hernandezvela de Vindiola M.E. / Encargada de Escuela para Padres de Liceo Thezia

Un refrán popular nos dice que: “No hay fecha que no se cumpla, plazo que no se venza, ni deuda que no se pague”.

El tiempo vuela, pasa rápido y, cuando menos nos damos cuenta, nuestros hijos crecen y se encuentran en las “salidas”, es entonces cuando empezamos a perder el control, pues no podemos estar en las fiestas, o incluso llevarlos y traerlos, como cuando eran pequeños.

Hay que lograr un equilibrio entre que salgan, pero que sigan cumpliendo con sus obligaciones escolares y familiares. También es importante que vayan teniendo un grupo de amigos y compañeros con los cuales pueda divertirse sanamente, que las salidas no sean muchas, pero tampoco se queden siempre en casa.

La palabra diversión deriva de divertere y significa apartar, separar, alejar, recrearse. Es un espacio de tiempo desligado de la preocupación de satisfacer necesidades de la vida diaria, una actividad de tiempo libre, no trasformamos la realidad, es decir, no es tiempo de trabajo.

Es una buena forma de evasión, pero se puede convertir en mala cuando la persona se escapa de sí misma, cuando no se apega a ninguna forma o autocontrol y perjudica a la persona (divertirse por divertirse).

Las fiestas, juntadas o reuniones, permiten que las personas formen parte de una comunidad, es un momento para comunicar sus sentimientos, exteriorizar su alegría, convivir con otros. La esencia de la fiesta es el diálogo y éste supone expresar la riqueza interior, como saber enriquecerse con las personas.

Si nuestros hijos no saben iniciar y sostener una conversación, difícilmente se podrán integrar a un grupo, ni dialogar. Es porque eso que hay procurar enseñarles desde pequeños a que sean capaces de expresar lo que sienten, que hablen, no que solo lloren, o hagan rabietas.

El uso de los medios de comunicación están inhibiendo en la joven generación el desarrollo de las habilidades de relación y comunicación, pues se reduce el vocabulario, reciben demasiada información que ni siquiera se puede asimilar. Y en lugar de hablar cara a cara con los demás, se la pasan pendientes del celular. También a través de los medios de comunicación masivos, nos llegan mensajes que nos rebajan como personas, nos deshumanizan, con una tendencia hedonista (el placer por el placer), de consumo, violencia y vulgaridad.

Ante este panorama, tenemos que dejar que nuestros hijos salgan, cuidarlos, pero ¿cómo? Pues es como hacer malabares y tratarse de mantener en el justo medio:

  • Pasar tiempo con los hijos, hablar con ellos, saber qué piensan, propiciar la comunicación, evitando los interrogatorios exhaustivos.
  • Enseñarles a elegir, desarrollando su capacidad crítica.
  • Analizar qué tipo de hijo tienes: si es responsable, comunicativo, rebelde, obediente.
  • Ser creativos y proponer a los hijos diversiones simpáticas que les atraigan, que permitan pasar tiempo en familia. Fomentar la iniciativa de los hijos.
  • Que inviten a los amigos a casa, aunque esto implique para los padres tiempo, dinero y esfuerzo, pero los tienes ahí contigo y te da la oportunidad de conocer a los amigos o compañeros.
  • Averiguar muy bien a donde van y con quién.
  • Verificar si en las actividades o lugares que irán los hijos hay alguna supervisión de adultos, y qué “tipo” de adultos, si tienen criterios educativos semejantes a los de mi familia.
  • Cómo se van a trasladar (ida y vuelta), quién maneja, no dejárselo al Uber.
  • Ver cómo salen de casa (arreglo) y, sobretodo, ver cómo regresan.
  • Establecer horarios. Es muy bueno que ellos mismo propongan la hora de llegada y que la respeten.
  • Que cenen antes de salir, por si llegan a consumir alcohol, no les caiga en el estómago vacío.
  • Fiarse no es sinónimo de confiar. Es importante que digamos a los hijos que nos fiamos de ellos, pero no del entorno. Decirles claramente los cuidados que deben tener.
  • Recuerda que no tienes que conceder todos los permisos que soliciten, si no estás de acuerdo, dilo y sostente. Es bueno que tengan límites.
  • Enseñarlos a ser buenos amigos: reconocer lo bueno del otro, respetarlo, procurar su bien.
  • Cuando la fiesta es constante y se dejan de lado los estudios o el tiempo que se le dedica a la familia, hay que sentarse con el adolescente y hacerle ver cómo es la vida

Lo más importante que tanto papá como mamá estén de acuerdo en la salida. Y aun así, y cuidando todo lo que podamos, no tenemos control de las circunstancias, por lo que es muy bueno que además de ponerse de acuerdo los padres, recen por sus hijos, por los amigos de sus hijos, para que se la pasen muy bien y regresen con bien, que la diversión les enriquezca como persona.

 

 

Fuentes Consultadas:

Victoria Cardona, educadora familiar | Fuente: e-cristians.net. Los jóvenes y los medios de comunicación. Enseñemos a nuestros hijos a pulsar el botón, sabiendo escoger lo más conveniente

http://es.catholic.net/familiayvida/154/203/articulo.php?id=1295

Hacer familia hoy: Ana Vázquez Recio Cómo negociar las salidas nocturnas de tu hijo adolescente