Por Annet Varela de Castrejón

Relaciones Públicas y Admisiones de Liceo Thezia

Lic. en Finanzas

Como esposa y madre de tres hijos, mi mayor prioridad es ser buena esposa y buena mamá.  En este mundo tan rápido, tan cambiante, lleno de información contradictoria y actividades, necesitamos prepararnos para estas tareas ya que lo que funcionaba antes no sabemos si funcione en estos días, donde las circunstancias son totalmente diferentes. Y si antes, cuando el doctor ponía en tu regazo al esperado bebé, te convertías en una mamá que sabía lo que tenía que hacer, a mi no me paso así.

Estoy leyendo el libro “Hijos, Tutores y Padres” de José Manuel Cervera y José Antonio Alcázar, el cual me ha dejado claro que somos los padres los protagonistas y los responsables de la educación de nuestros hijos. No la escuela ni la guardería, tampoco los abuelos o las niñeras. Somos nosotros, sus padres. ¿Cómo vamos a asumir esta enorme tarea? La respuesta hay que buscarla cada uno, por lo pronto les comparto algunas ideas que me han aclarado algunos conceptos.

  • Los padres engendramos por amor a una nueva persona y asumimos por ello la obligación de educarla, que es ayudarla a desarrollar una vida plenamente humana.
  • Nuestros hijos serán reflejo viviente de nuestro amor. Aristóteles destacaba la tendencia a sobrevivirse en los hijos, a dejar una imagen de los padres en la descendencia. Los esposos  hemos de reforzar constantemente nuestra unión conyugal mediante la voluntad personal de compartir con fidelidad todo nuestro proyecto de vida.
  • En la raíz de la educación está el amor al prójimo. Nuestro amor de padres deberá ser la norma que inspire y guíe toda nuestra acción educativa.
  • La familia es, por naturaleza, la primera comunidad de vida y de educación.
  • En la familia se generan los primeros estímulos educativos para la persona. El primer estímulo es siempre la congruencia de la vida de los padres con los valores que desean transmitir, nuestro ejemplo. Pero además, los hijos viven las relaciones interpersonales con los hermanos y familiares a las que el  amor da la fuerza interior necesaria para que se constituya la comunidad familiar y que son las que generan el ambiente educativo del hogar.
  • Es el amor lo que hace vivir, crecer y perfeccionarse a la familia como comunidad de personas.
  • En la vida familiar sana, los hijos aprenden a vivir la alegría a tener una visión del mundo y de hombres con tono optimista y adquieren actitudes positivas de confianza, de servicio, de aceptar ayudas, de apertura, etc.
  • La familia se construye día a día y se perfecciona cuando existe en sus miembros espíritu de sacrificio, deseo de entrega a los demás y en ella se comparten, no solo bienes sino, ante todo, las alegrías y los pesares.

La educación de los hijos

  • El proceso educativo debe ser intencional porque persigue, con confianza y valentía, alcanzar unos objetivos, los valores esenciales de la existencia humana, valores por los que la vida valga la pena ser vivida, porque puedan constituir la finalidad de nuestra existencia.
  • La educación es un proceso intencional de mejora de la persona que desarrollamos durante toda nuestra vida.
  • Siempre si somos sinceros con nosotros mismos, descubriremos aspectos mejorables en nuestra conducta: los planes que realicemos para superarnos serán la continuidad de nuestra educación.
  • Unos padres que se esfuerzan por mejorar su vida, que se autoeducan, son los verdaderamente capaces de educar. Los hijos conocen muy pronto que sus padres no son perfectos, pero necesitan ver que se esfuercen por mejorar.