Actualmente hay muchas cosas que demandan la atención de los padres, tales como la abundancia de la información y las variadas tareas profesionales y de ocio. Todo esto puede hacer que los padres caigan en un cierto desinterés por la familia y como consecuencia, puna menor presencia en la acción educativa de los hijos.

Ante esa situación cabe reflexionar sobre el puesto y la función de los padres en la familia y en la formación de los pequeños, que es de una importancia única e insustituible.

Dice San Josemaría

Una primera condición es dedicar el tiempo suficiente a esa tarea formativa, sabiendo que en muchas ocasiones no es fácil disponer del mismo y que habrá que buscarlo con esfuerzo. “Es necesario que los padres encuentren tiempo para estar con sus hijos y hablar con ellos. Los hijos son lo más importante: más importante que los negocios, que el trabajo, que el descanso”.

En esas conversaciones conviene escucharles con atención, esforzarse por comprenderlos, saber reconocer la parte de verdad –o la verdad entera que pueda haber en algunas de sus rebeldías. Y, al mismo tiempo, ayudarles a encauzar rectamente sus afanes e ilusiones, enseñarles a considerar las cosas y a razonar; no imponerles una conducta, sino mostrarles los motivos, sobrenaturales y humanos, que la aconsejan.

En una palabra, respetar su libertad, ya que no hay verdadera educación son responsabilidad personal, ni responsabilidad personal sin libertad”. (San Josemaría Escrivá, ‘Es Cristo que pasa’, 27).

Las ambiciones profesionales y el trabajo absorbente pueden quitar un tiempo necesario para los hijos. En ocasiones extremas cabría pensar en ganar algo menos, o renunciar a algún ascenso o cambiar de trabajo, con el fin de tener una dedicación suficiente a la familia.

Sin llegar a esas situaciones extremas, cabría preguntarse por algunos aspectos concretos, tales como si acude el padre y la madre juntos a la entrevista de la tutoría escolar o sólo va la madre; si se ‘pierde’ el tiempo jugando con los hijos pequeños y hablando con los mayores; si se les escucha siempre que tienen necesidad de hablar, aunque sea en un momento inoportuno, como en una retransmisión deportiva o en otro programa interesante.

Un indicador de las relaciones entre padres e hijos puede ser si estos acuden con espontaneidad y buen humor a charlar con sus padres o sólo hablan con ellos cuando se les llama porque han hecho “algo” en el colegio.