Hay un dicho muy antiguo que dice así: “al ojo del amo, engorda el caballo”, el cual se refiere a que el buen desarrollo de éste, solo se logra cuando está cerca el amo que le proporciona el cuidado pertinente. Si esto sucede con un animal o una mascota, con mayor razón cuando se trata de personas y más de nuestros propios hijos.

Hoy en día, los padres consideramos que estamos cerca de los hijos porque tenemos mucha comunicación a través de los celulares, pero aún en el caso de video llamadas, no estamos físicamente con ellos. Y, sobre todo, conforme van creciendo, los padres nos enrolamos en actividades, considerando que podemos ausentarnos más tiempo del hogar, pensando que ya no requieren de tanta supervisión, sin embargo siempre nos necesitan. A todos nos gusta tener a los padres cerca, aunque seamos mayores.

Hacemos constantes esfuerzos por desarrollar la autoestima de los niños y jóvenes, que es “el valor que le damos a lo que conocemos de nosotros mismos”, nos dice Cynthia Hertfelder (Hertfelder, 2010). Y supone el saberse aceptado y querido, que es una valoración que se va haciendo en el transcurso de la vida misma.

En este punto radica la importante presencia de los padres, ya que experimentar el amor de mamá y papá, es lo que permite que se reconozcan como persona, que se amen, primero a sí mismos y luego a los demás.

En casa se enseñan y desarrollan virtudes, con cariño, con exigencia, así como también se les proporcionan las herramientas para que sean felices en esta vida, con sentido de trascendencia.

Cuando los padres pasamos más tiempo con los hijos, tenemos la oportunidad de observarlos, de conocerlos, vemos todos esos aspectos que podemos potenciar y también en los que hay que trabajar para erradicar o mejorar; vemos sus caritas y podemos advertir como se sienten, si les vemos felices, preocupados o inquietos. Estando cercanos, podemos intervenir de manera oportuna apoyando, guiando y orientándolos aun en cosas a lo mejor triviales para nosotros, pero importantes para ellos en el momento. Es muy importante observar cómo se relaciona con los hermanos, con los amigos, si mantiene el orden en su habitación (o si existe orden), si cumplen con sus tareas, ya que con ello podemos prevenir, adelantarnos y a veces evitar problemas mayores.

Pero también los hijos nos observan y aprenden más de lo que hacemos, que de lo que decimos, y es palpable ver, aquellas jóvenes educadas, que siempre saludan, agradecen, piden las cosas de manera amable. Coincide, la mayoría de las veces, con la manera de ser de los padres.

Un momento ideal para hacer vida de familia es comer juntos, no solo para supervisar que coman nutritivo y evitar desórdenes alimenticios, sino modales, comunicación directa y efectiva, sin celulares en la mesa.

Al recogerlos de una salida o “juntada”, nos enteramos de primera mano de lo que sucedió en ésta, no delegar al Uber esta maravillosa oportunidad de conocer el mundo de nuestro hijos, aunque a veces nos implique desvelarnos (con los hijos adolescentes) o tenernos que salir de reuniones en donde estamos muy a gusto.

El tiempo que pases con tus hijos es una de mejores inversiones que puedes hacer, te va a redituar de manera positiva, nunca te vas a arrepentir y el día de mañana tu mayor tesoro serán esos recuerdos maravillosos de cada uno de tus hijos. Hay que enseñarlos a amar, amándolos. Y cito otro refrán popular: “el tiempo pasa volando” y es por desgracia es muy cierto.

Y sobre todo no te olvides que hay que hablarles del Amor, con mayúscula, que es el de Dios, que rece, que te vean rezar, que asistan al templo en familia. Pero lo más importante, hay que hablarle más a Dios de tus hijos, dejar en Sus manos todas tus preocupaciones, anhelos. Un sacerdote muy sabio me dijo que la oración de una madre, de un padre, Dios siempre la escucha, y estoy segura de ello.

Por Lic. Marysol Hernandezvela de Vindiola, ME y OF.

Encargada de escuela para padres Liceo Thezia

Bibliografía

 

Hertfelder, C. (2010). Como se educa una autoestima familiar sana. Madrid: Ediciones Palabra.

Castillo, G. (2009). Preparar a los hijos para la vida. Madrid: Ediciones Palabra.