LaCulpa

El origen de esta culpa es porque amas a tus hijos con locura. Deseas que nunca les pase nada malo y te duele intensamente cuando los ves sufrir.

Y, por circunstancias de la vida, eres precisamente tú quien les hace pasar por un mal momento. Ya sea porque te has separado, o porque trabajas todo el día y los ves poco, o por cualquier otro motivo -real o imaginario-, percibes que tus hijos están pasando por una mala etapa y te sientes culpable.

La culpa es un “aviso” de nuestra conciencia, un llamado de alerta que indica que algo que estamos haciendo, pensando o sintiendo es incongruente con nuestro marco de valores y que nos invita a corregir una situación que está provocando problemas. ¡Ojo! Esto no necesariamente quiere decir que debas de renunciar a tu trabajo (en especial cuando es el sustento de tu familia). En estos casos, corregir se refiere a hacer lo mejor, dentro de las circunstancias que se te presentan.

Así, por ejemplo, haces un esfuerzo consciente por provocar más momentos de verdadera convivencia con tus hijos. No sólo llegas de trabajar para revisar los pendientes del día con ellos: “¿Hiciste la tarea?”, ¿Te duchaste?”, “Voy a preparar la comida”. Este tipo de familias, las que sus conversaciones al final del día se centran en el cumplimiento de responsabilidades, tiene lo que yo llamo una relación “instrumental u “operativa”. Estas interacciones suelen ser más bien frías y engorrosas para todos los involucrados, distanciando la relación entre padres e hijos.

Para aliviar tu culpa de no estar con tus hijos porque trabajas, trata de llegar lo mas temprano posible y al llegar a tu casa, conecta con los tuyos. Quítate los zapatos y siéntate a lado de tu hijo y pregunta sobre su día, o sobre lo que está haciendo en ese momento. Ocúpate primero de ver cómo está. Lo mismo es necesario hacer en el matrimonio. Este buen hábito no toma mucho tiempo (tal vez unos 15 minutos), pero verdaderamente cambia el ambiente familiar.

Durante los fines de semana ocurre lo mismo. Es preferible dejar un par de artículos sin doblar/guardar/lavar y darnos tiempo de acercarnos emocionalmente a los que queremos, que tener una casa impecable (¡lo que sabemos que es imposible!), pero con sus habitantes lejos los unos de los otros.

La culpa por haberte separado no tiene el “consuelo” asociado al exceso de trabajo. Los hijos entienden la importancia de tener un ingreso. Es mas complicado entender las “ventajas” de que el papá ya no viva en la casa. Sin embargo, tenemos que recordar que, a pesar de que la familia no está junta como antes, tu objetivo como madre o padre no ha cambiado: quieres formar hijos que crezcan capaces para construirse una vida feliz.
Tratar de reparar el dolor de un hijo mediante regalos o excesiva permisividad, lo único que hace es malcriarlo. Lo deja desprotegido para enfrentar al mundo real, que demanda responsabilidad, esfuerzo, carácter. El amor hacia los hijos también se expresa cuando establecemos límites.

Trae a tu mente esta meta cada vez que te enfrentes a una situación formativa y pregúntate, por ejemplo: “¿Le levantaría el castigo si no estuviera separada(o)?”, “¿Qué aprenderá con lo que estoy haciendo?”, “¿Es adecuado para su edad el regalo que le quiero hacer?”. Este cuestionamiento te permite no perder de vista el objetivo final de la crianza: formar adultos responsables, capaces y felices.

Fuente: http://hacerfamilia.cl/