“Mira que eres torpe” o “qué niña tan enojona” o “no seas llorón” son algunas de las etiquetas en ocasiones colgamos a nuestros hijos cuando reiteran una conducta.

No lo hacemos con la intención de ofender, pero si lo repetimos varias veces el niño puede sentir que lo limitan, que es de esa manera y por mucho que haga no conseguirá cambiar. Debemos animarlo y darle la oportunidad de mejorar su personalidad.

No etiquetes a tus hijos

En la obra de Faber y Mazlish “Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen” se describen seis buenas tácticas para librar a nuestro hijo de los encasillamientos:

1. Buscar oportunidades para mostrar al niño una nueva imagen de sí mismo. Reconocer los cambios por pequeños que éstos sean.

Algunos ejemplos:
Si tu hijo se queja mucho, cada vez que pida algo sin queja haz hincapié en alabarle, más que en reñirle cuando se queja. El vínculo de cariño y de respeto es más efectivo que las riñas y los castigos.
Si suele romper los juguetes, valora aquellos que se mantienen íntegros y juega con él con esos juguetes.
Si su problema es que olvida las cosas, recurre a listas hechas por él (si puede hacerlo) colocadas en lugares estratégicos, como en la puerta de salida de casa para recordar lo que ha de llevar a la escuela, en la puerta del baño para recordar los pasos del aseo personal antes de ir a dormir, etc.

2. Ponerle en situaciones en las que pueda verse de otra manera.Darle oportunidades para el éxito es lo que más le motivará a cambiar. Remarcar una y otra vez aquello que hace mal dificulta enormemente el cambio. Demostrarle que tiene nuestra confianza, remarcar los avances por pequeños que sean y mostrar entusiasmo cuando logra mejorar.

Algunos ejemplos:
Si tu hijo es poco hábil, puedes pedirle a menudo que te ayude con pequeñas tareas de reparación o de mantenimiento en casa. Si trabajas con él puedes supervisarle, siempre intentando no ser críticos ni negativos.
Si tiene tendencia a ser desorganizado, pídele que ordene algún cajón de casa o que te ayude a ordenar el garaje, que se encargue de hacer la lista de lo que necesitarás para la próxima fiesta de cumpleaños o para la salida del domingo al campo. De lo que se trata es de aprovechar cuantas oportunidades para el éxito se te ofrezcan. Cambiar nuestra actitud hacia él, confiando en que dará lo mejor de sí mismo si le damos oportunidad es condición indispensable para el cambio.

3. Intentar que te oiga cuando dices algo favorable sobre él a otra persona, así podrá ver cuál es el concepto que tienes de él. Nuestra opinión marca profundamente el concepto que nuestros hijos tienen de sí mismos. Pensemos en nosotros mismos, cuando nuestro jefe o nuestros compañeros de trabajo tienen un concepto negativo de nosotros, nos sentimos inseguros, incluso ansiosos y ese estado interno modifica nuestra conducta y nuestros actos.

4. Ejemplificar el comportamiento deseado con nuestra propia conducta. Recordemos que somos modelos para ellos.

5. Recordarle las cosas que ha sido capaz de hacer bien en el pasado. Todos nos sentimos bien cuando recordamos nuestros éxitos. Todos los niños hacen montones de cosas bien. Fijémonos en ellas repasándolas juntos. Podemos anotarlas en un libro o cuaderno que podría titularse “Nuestra familia es excelente” o “Somos los mejores“. El buen humor es una herramienta inmejorable para mantener la salud de la familia.

6. Cuando tu hijo actúe según la vieja etiqueta, expresa tus nuestros sentimientos y/o expectativas. Él puede saber que su conducta es equivocada pero debemos también ser capaces de darle salidas y soluciones en la dirección adecuada. Frente a una conducta inadecuada es preferible comunicar que nos sentimos mal o que estamos enfadados, o bien que nos molesta su actuación, o cuál debería haber sido su comportamiento, etc. en vez de cargar las tintas sobre el fracaso, sea éste un objeto roto, una merienda olvidada o una queja repetida.

A estas seis tácticas podemos añadir:

  • Atender al uso que hacemos de palabras como “siempre” o “nunca”. Por ejemplo: “No cambiarás nunca”, “Siempre dejas tu escritorio desordenado”, cierran el futuro del niño sentenciando al fracaso cualquier intento de cambio.
  • Revisar nuestro pasado como niños. Descubramos si nos “colgaron” alguna etiqueta y miremos cómo nos ha afectado. La mejor manera de entender a nuestros hijos es poniéndonos en su lugar.

Fuente: Carmen Herrera García, Profesora de Educación Infantil